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miércoles, 25 de noviembre de 2015

La Meditación (Parte I): Introducción



En nuestro día a día, con tantas cosas por hacer, cada vez tenemos menos tiempo para buscar las causas fundamentales de la Felicidad. Casi de forma inconsciente pensamos que cuantas más cosas hagamos, mayores serán nuestras sensaciones y menor será nuestro sentimiento de insatisfacción. Pero a la hora de la verdad, cada vez hay más personas que se sienten defraudadas y cansadas del modo de vida actual. Y si tú estás leyendo estas líneas puede que seas una de ellas. Sientes que te falta algo, sin saber realmente qué es, porque las tradiciones que encomian la transformación del propio ser han quedado olvidadas. Las técnicas de meditación se encaminan a transformar el espíritu, sin necesidad de ninguna etiqueta religiosa. Todos tenemos espíritu, y todos podemos trabajarlo.

Nuestro espíritu se ve bombardeado cada día por múltiples perturbaciones: ira, pensamientos dolorosos, las broncas en el trabajo,… Cuando uno se encuentra inmerso en esa situación, ¿acaso no soñamos todos con controlar nuestras propias emociones y ser dueños de nosotros mismos? Gustosamente nos ahorraríamos ese mal rato, pero no sabemos cómo hacerlo, tendemos a pensar que “así son las cosas”, “¿qué se le va a hacer?”, “es la naturaleza humana”. Pero eso no significa que la situación sea deseable. Sin ir más lejos, todos sabemos que la vida y la enfermedad suelen ir de la mano, pero cuando nos sentimos mal todos vamos al médico.

Meditación


A veces tenemos momentos de sosiego y paz interior, de lucidez, pero suele ser algo de corta duración y en seguida entramos en el círculo vicioso otra vez. Pero también somos conscientes de que nos gustaría cambiar eso y quedarnos más tiempo en el estado de paz y calma. Y es algo que podemos lograr si trabajamos nuestro espíritu. Todos queremos ser unas mejores personas y transformarnos interiormente al mismo tiempo que tratamos de aliviar el sufrimiento de los demás y de contribuir a su bienestar.

Si aprendemos a desarrollar el amor altruista y la paz mental, y al mismo tiempo logramos disminuir nuestras frustraciones y nuestro egoísmo, nuestra existencia sería mucho más rica.

Pero no basta únicamente con desearlo. No podemos elegir lo que somos, pero podemos mejorarlo. Es una aspiración altruista que puede dar sentido a nuestras vidas, y para eso basta no sólo con desearlo, sino que hay que poner manos a la obra.

En el mundo actual que está dominado por la inmediatez de la recompensa al esfuerzo, sería como querer tocar un concierto para piano después de haber ido a dos o tres clases. ¿Alguien le ve sentido a eso?
A todos nos parece normal pasar varios años en una universidad aprendiendo, igual que cuando éramos niños dedicamos tiempo a aprender a leer y escribir, a andar o a nadar. Dedicamos horas a tener un cuerpo físicamente entrenado en un gimnasio, por ejemplo dándole a los pedales de una bicicleta estática que no te lleva a ninguna parte y con la que no puedes sentir el viento en la cara, ni los olores del campo.
Todos damos por bueno el hecho de que para lograr algo hay que hacer un pequeño o gran esfuerzo por nuestra parte y para eso necesitamos tener interés en el objetivo a largo plazo, porque en ese momento obtendremos los beneficios que queríamos recibir.

Si esto es así, ¿por qué no lo aplicamos a desarrollar nuestro espíritu y crecimiento interior? Si cambias el modo en el que percibes tu entorno, estás transformando la calidad de tu vida. Y este cambio viene de la mano de un entrenamiento llamado MEDITACIÓN.

La meditación está basada en tener una visión clara y justa de nuestro entorno, así como cultivar una serie de cualidades que todos llevamos dentro en estado latente mientras no las despertemos. Todos, y quiero decir TODOS tenemos dentro el potencial de Despertarnos.

La mejor manera de ayudar a los demás, lo cuál repercute en ayudarte a ti mismo, es desarrollando tus cualidades interiores. Todos somos Uno, todos estamos unidos. Dependemos los unos de los otros, porque si a tu lado hay una persona amargada eso va a repercutir en tu propia felicidad, y no se trata de huir de ella o dejarla de lado, sino de ayudarla a cambiar para que si esa persona es feliz, tú puedas serlo también.

Todos dependemos unos de otros, y nadie, absolutamente nadie quiere sufrir a propósito. La búsqueda de la felicidad hecha de forma egoísta está condenada al fracaso, ya que ese mismo egoísmo es el origen del malestar.
No puedes querer huir de la gente negativa, porque antes o después te quedarás sin sitios en los que poder esconderte de la gente. Llenamos casi todo el planeta. Podemos decir que la vida deja de tener una finalidad cuando esa finalidad es la felicidad egoísta.
A primera vista podríamos parecer muy felices, pero en realidad no podemos serlo si no nos volcamos en el interés de nuestro prójimo, y el prójimo es tu padre o madre, tu hermano, tu esposa o marido, tus amigos, tus compañeros de trabajo, los desconocidos que te cruzas en la calle,…

La búsqueda de la felicidad para ti mismo es la mejor manera de lograr que ni tú ni los demás seamos felices. Por eso decimos que la compasión y el amor altruista son los pilares de la Felicidad con mayúscula.

Se puede definir la compasión como el deseo de aliviar el sufrimiento de los otros al igual que las causas que lo generan. El amor altruista es desear que los otros sean felices. Ambos son nobles sentimientos, sí, y además los pilares de la armonía en la relación con el resto del mundo “real”.

Al igual que tú, el resto del mundo tampoco quiere sufrir, quieren evitar el sufrimiento, y al estar todos unidos, las alegrías y tristezas de los demás están unidas a las tuyas. Desarrollar el amor y la compasión es la llave que nos permite abrir la cerradura que nos mantiene prisioneros de nuestros propios condicionamientos. Además los sentimientos bondadosos son los que más bien nos hacen y los beneficios que generan son bien percibidos por nuestro entorno. Párate durante cinco minutos a observar cómo reacciona la gente ante un persona agresiva y ante una persona que desprende paz, y lo entenderás.

Al interesarte de forma sincera por el bienestar de otra persona, tienes que actuar y pensar de un modo justo. Si quieres que los resultados de tus acciones sean verdaderamente benéficos, esas acciones han de estar guiadas por la sabiduría. Y esta sabiduría se logra por medio de la meditación.

El fin último de la meditación es transformarse a uno mismo para poder transformar a mejor el mundo, o convertirse en una persona más buena para poder ayudar mejor a los demás. Las cualidades humanas pueden cultivarse a través de un entrenamiento mental, y este entrenamiento es la meditación. La meditación da a la vida su sentido más elevado, y además genera unos grandes beneficios en la salud.
La práctica de la meditación disminuye el estrés, los accesos de cólera, la hipertensión, la ansiedad, la depresión, fortalece el sistema inmunitario, la capacidad de atención, las emociones positivas,…


Efectos de la Meditación
 
El objeto de la meditación es el espíritu, que es una sucesión de instantes de conciencia, un flujo dinámico de experiencias que suelen estar marcadas por el sufrimiento y la confusión, pero que también pueden vivirse en un estado de libertad y claridad interior. El entrenamiento del espíritu (que no de la mente) es un elemento básico si queremos obtener un equilibrio emocional, la paz interior, afinar nuestra atención y desarrollar nuestra dedicación al bien de los otros.
Tenemos dentro de nosotros mismos el potencial para que esas cualidades crezcan y den fruto, pero no van a crecer sólo porque así lo queramos. Hay que entrenarse.

La meditación no es hacer el vacío en el espíritu, ni bloquear todos y cada uno de los pensamientos, algo que por otra parte es totalmente imposible. Tampoco consiste en relajarse de tal forma que los conflictos internos queden “suspendidos” en un estado de inconsciencia.
La manera de controlar los pensamientos no es bloquearlos, ni tampoco alimentarlos de forma indefinida, sino que consiste en dejar que lleguen y se vayan por sí solos en un estado de plena consciencia de tal forma que no invadan el espíritu.
Ser libre es ser dueño de uno mismo, sin ser esclavo de los pensamientos o las sensaciones.

La meditación tampoco consiste en escapar de la realidad, sino que tiene por objetivo que veamos la realidad tal y como es, mostrando las causas profundas del sufrimiento y difuminando la confusión mental que nos anima a buscar la felicidad ahí donde es imposible hallarla.
Para esto se necesita tener determinación, entusiasmo y perseverancia. Hay que sentir y vivir la alegría de hacer lo que es bueno para uno mismo. Para ello se empieza observando y comprendiendo cómo se solapan los pensamientos y cómo ellos mismos generan un mundo de emociones, alegría y sufrimientos. Y la forma de lograrlo es empezar calmando las perturbaciones de nuestro espíritu.

El regalo más hermoso que nos da la meditación es tener una manera de ser óptima, una felicidad verdadera, que no está hecha por una serie de sensaciones y emociones agradables, sino que es un profundo sentimiento de haber logrado desarrollar de la mejor forma posible el potencial de realización y conocimiento que todos llevamos dentro.

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Meditación sobre un texto del Dalai Lama:

¿Nuestro comportamiento denota estrechez o amplitud de miras?
¿Tenemos en cuenta el conjunto de la situación o nos limitamos a los detalles?
¿Nuestra perspectiva es a corto o a largo plazo?
¿Acaso nuestra motivación se halla realmente impregnada por la compasión?
¿Nuestra compasión se limita a nuestra familia, a nuestros amigos y a todos aquellos con los que nos identificamos?
Es necesario que continuamente nos formulemos esta clase de preguntas.
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Si deseas recibir información sobre nuestro curso de Meditación, no dudes en ponerte en contacto con nosotros en labrujulancestral@gmail.com.


Bibliografía:
-         Meditación. La primera y última libertad. Osho
-         El libro de los secretos. Osho
-         En defensa de la felicidad. Matthieu Ricard
-         El arte de la felicidad. Dalai Lama
-         El arte de la sabiduría. Dalai Lama
-         El milagro de la plena consciencia. Thich Nhat Hanh

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