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viernes, 11 de diciembre de 2015

La Meditación: Empezando a meditar.

La meditación no es un asunto de palabras, sino que por el contrario es de práctica. Puedes mirar todo el tiempo que quieras un plato lleno de comida, pero no vas a alimentarte si no te lo comes.
A lo largo de los años los grandes maestros de la meditación nos han dejado en sus obras consejos y directrices para que vayamos por buen camino y progresemos adecuadamente sin perdernos en el laberinto de las trampas que nos tiende nuestra mente y nuestro ego. Aprovéchate de la experiencia acumulada por ellos. Créeme cuando te digo que el enano que va a hombros de gigantes tiene una visión mayor que el propio gigante.

Recuerda que tu espíritu puede ser tu mejor amigo… y tu peor enemigo. Liberarte del egoísmo, las emociones perturbadoras y la confusión es el mejor regalo que puedes darte a ti mismo y a tu prójimo.

A la hora de empezar cualquier actividad es importante que seas sincero contigo mismo con respecto a la naturaleza de la motivación que te empuja a realizarla. En el caso de la meditación es aún más importante. Esa motivación (altruista o egoísta, universal o limitada) es la que traerá un resultado positivo o negativo de tus actos.

Como ya dije anteriormente, todos deseamos evitar el sufrimiento y alcanzar la felicidad. Es un derecho humano universal, y todos tenemos el derecho de ver cómo se cumple. Pero en la gran mayoría de las ocasiones, nuestros propios actos van en contra de esa aspiración. Buscamos la felicidad donde no la hay y nos encaminamos raudamente hacia lo que sólo puede hacernos sufrir. La práctica de la meditación no nos lleva a renunciar a lo que es beneficioso en nuestra existencia, sino que nos encamina a abandonar las causas que nos generan sufrimiento y a las que, sin quererlo, estamos encadenados como si fueran drogas.
Ese sufrimiento está causado por la confusión mental que enturbia nuestro buen juicio y nuestra lucidez, por lo que el único modo de salir de ahí es obtener una visión justa de la realidad que nos circunda y transformar nuestro espíritu.

De esta forma conseguiremos eliminar las causas primeras: ignorancia, arrogancia, malevolencia, celos,… todas ellas generadas por el apego al concepto erróneo que tenemos del “YO”.

Curar los sufrimientos personales es el primer paso, pero no el último. Nosotros como entidad individual no somos más que un solo ser vivo, y el número de los demás es infinito, y ellos al igual que tú, tampoco quieren sufrir. Todos somos interdependientes, por lo que cada de nosotros estamos unidos a los demás. Es por esto que el fin último que se persigue con la transformación lograda a través de la meditación es el de ser capaces de liberar todos los demás seres vivos y contribuir a su bienestar.


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Meditación:
Reflexiona sobre tu situación actual. ¿Merecería la pena que mejoraras tu comportamiento habitual?
Mira muy adentro de ti mismo. ¿Percibes el potencial de cambio que tienes ahí?
Ten confianza en que ese cambio es posible con un poco de lucidez y determinación. Haz cuanto puedas por cambiar no sólo por tu propio bien, sino sobre todo para que un día seas capaz de borrar el sufrimiento de las demás personas y ayudarles a lograr la felicidad duradera.
Permite que esta determinación crezca y se enraíce en lo más profundo de tu ser.

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Las circunstancias que nos rodean cada día no suelen ser favorables para meditar. Nuestro espíritu está ocupado por un sinfín de actividades y preocupaciones de diferente tipo. Es por esto por lo que al principio es conveniente crear un espacio adecuado para la meditación. Con el tiempo podremos mantener los beneficios que nos aporta la meditación incluso en mitad del fragor de nuestras batallas diarias, sobre todo a través de la meditación de la plena conciencia, pero al principio es necesario meditar en un sitio propicio.
De la misma forma que se aprende a nadar en una superficie tranquila y no en un mar embravecido, hay que aprender a meditar en un espacio que nos aporte paz y serenidad para que el espíritu pueda volverse claro, calmo y estable. Los maestros de la meditación usan el ejemplo de una vela encendida. Si está expuesta a la intemperie, el viento hará que la llama tiemble o que incluso pueda apagarse, pero si está en un espacio protegido, la llama será luminosa y estable. Pues exactamente lo mismo pasa con nuestro espíritu.

La postura física.

Nuestra postura física influye en nuestro estado mental. Si estamos demasiado tensos y rígidos, propiciamos la agitación mental. En cambio si estamos demasiado relajados, hay probabilidades de que nos encontremos torpes y somnolientos. Por lo tanto tenemos que buscar y encontrar el punto medio, ni demasiado relajados ni demasiado tensos.

Como norma general esto se consigue a través de siete puntos, postura vajrasana (adamantina).

Postura del Loto


1. Las piernas se cruzan en la postura conocida habitualmente como Postura del Loto, la pierna derecha se coloca doblada sobre la izquierda y luego la izquierda se pone sobre la derecha.
Esta postura suele ser demasiado difícil para mucha gente por lo que también se puede adoptar la Postura del Semiloto, la pierna derecha bajo el muslo izquierdo y la pierna izquierda bajo el muslo derecho. Se la llama también postura feliz o sukhasana.

Postura del Semiloto


2. Las manos se colocan sobre el regazo con el gesto de la ecuanimidad, la mano derecha sobre la izquierda de manera que la punta de los pulgares se toquen suavemente. También se pueden poner las manos sobre las rodillas con las palmas hacia abajo.

3. Los hombros ligeramente levantados e inclinados hacia delante.

4. Hay que poner la columna vertebral muy recta.

5. Inclinamos la barbilla hacia la garganta.

6. La punta de la lengua toca el paladar.

7. Dirigimos la mirada hacia delante o ligeramente hacia abajo siguiendo la dirección marcada por nuestra nariz. Los ojos pueden estar abiertos o entornados.


Si esta postura resulta incómoda, también podemos sentarnos en una silla o en un cojín elevado. Otros tipos de posiciones para meditar como la birmana, seiza, o gassho son explicadas en nuestro curso de meditación.

Otras posturas de Meditación


Lo importante es tener una postura equilibrada, con la espalda recta y adoptar los puntos arriba indicados. Los maestros dicen que so el cuerpo está recto, los canales de energía también lo están y por tanto el espíritu se mantiene claro.
Pero podemos ir variando la postura según avanza la meditación. Si nos encontramos demasiado agitados o tensos, nos relajamos un poco y miramos hacia abajo. Si en cambio notamos que nos estamos aletargando, debemos enderezar el cuerpo y levantar la mirada hacia arriba.

Hay que mantener la postura apropiada el mayor tiempo posible, pero si las tensiones musculares aparecen, es mejor relajarse un ratito en vez de estar distraídos por culpa del dolor. Con el tiempo podremos aprender a aceptar el dolor, sin rechazarlo ni magnificarlo, recibiéndolo como una sensación más, agradable o desagradable, en plena conciencia del momento. Pero esto llegará más adelante.
También puede alternarse la meditación sedentaria con la marcha contemplativa. Otro día hablaremos de esto.

Quiero acabar esta sección mencionando una frase de Osho que nos viene al pelo: “Si realmente quieres meditar, siéntate y medita. El resto viene solo”.


A modo de recomendación quiero recalcar la importancia de la continuidad, día a día, porque así la meditación irá ganando poco a poco en amplitud, longitud de tiempo y estabilidad, como un río nace siendo un pequeño hilo de agua, luego es un arroyo y finalmente luce todo su esplendor.

Es mejor meditar regularmente y repetidamente durante cortos períodos de tiempo en vez de darse un atracón de vez en cuando. Al principio puedes dedicar diez minutos cada día, pero también puedes aprovechar una pausa en las actividades para revivir la experiencia adquirida. Aunque parezca inútil, no lo es. Revivir esa sensación de calma profunda, te cargará las pilas.
Si meditas de tiempo en tiempo, en los lapsos de inactividad puedes volver a las viejas costumbres y recaer en las emociones negativas sin tener la posibilidad de recurrir a al apoyo que brinda la meditación. Pero si meditas a menudo, puedes prolongar a lo largo del día la experiencia meditativa.

Debo señalar que la dedicación no debe depender del humor que tengas en ese momento. Si te aburres no es por la meditación, sino por la falta de entrenamiento. Da lo mismo si la meditación es fácil o difícil, agradable o molesta, es necesario insistir. Cuando te sientas propenso a meditar será cuando obtengas unos mejores resultados. ¡Aprovecha el momento! Recuerda que nos debes estar ni demasiado relajado ni demasiado tenso, sino en el punto medio como la cuerda de una guitarra, muy floja da un mal sonido; muy tensa, se rompe.
Tienes que encontrar un justo equilibrio entre esfuerzo y relajación.

Finalmente quiero hacer unos pocos comentarios sobre las experiencias que se viven durante la meditación, pueden ser de vacío de pensamientos, felicidad, clarividencia,…
Es como si viajas en autobús y ves un paisaje muy bonito. No te bajas para poder apreciarlo en todos sus matices porque te has montado en el autobús para llegar a un sitio. Lo mismo pasa con la meditación. Queremos llegar al sitio en el que nos transformamos a nosotros mismos en un viaje que puede llevarnos meses o años. La evolución puede parecer lenta, igual que cuando miras el reloj esperando la hora para salir de trabajar, parece que los minutos no avanzan lo bastante rápido, pero el tiempo nunca se detiene.
Por lo tanto hay que ser insistente, pero no impaciente. Las prisas no son buenas consejeras para nada, y para la meditación pueden ser un enemigo. Toda transformación requiere tiempo. Lo importante es ir por el buen camino y llegar a nuestro destino. No nos permitamos distracciones.


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Meditación:
Date cuenta de hasta qué punto la vida humana es preciosa. Inspira profundamente y siéntete vivo.
Comparada con la de los animales nuestra vida nos brinda la oportunidad de realizar obras benéficas que van más allá de nuestra propia persona.
La inteligencia humana es muy poderosa y es capaz de generar tremendos beneficios y horribles desgracias.
Utilízala para eliminar gradualmente el sufrimiento y descubrir la auténtica felicidad, no sólo para ti, sino para todos los que te rodean.
Así cada instante merecerá la pena ser vivido.
Cuando llegue la hora del tránsito, lo haremos sin pesar, como el humilde campesino que labró sus tierras lo mejor que pudo y supo.
Permanece unos momentos reflexionando sobre este hecho tan profundo.

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Bibliografía:
-         Meditación. La primera y última libertad. Osho
-         El libro de los secretos. Osho
-         En defensa de la felicidad. Matthieu Ricard
-         El arte de la felicidad. Dalai Lama
-         El arte de la sabiduría. Dalai Lama
-         El milagro de la plena consciencia. Thich Nhat Hanh


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