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sábado, 26 de marzo de 2016

El Reiki como Energía Vital Universal

El Universo visto con concepto global es un organismo vivo donde todo se conecta con todo y se relaciona con todo, se mueve y se transforma continuamente, y es sobre todo espiritual. Esto hace que el total sea algo más que la suma de sus partes. Todo lo que está vivo es en sí mismo un todo y vuelve a reflejar el universo.
Así podemos decir con Paracelso, siglo XVI de nuestra era, que el ser humano es un “microcosmos dentro de un macrocosmos”. Esto quiere decir que cada célula de nuestro cuerpo conoce la historia de la vida, su sentido y su fin debido a que nosotros mismos somos parte de este todo global universal. Para más información sobre este tema remitimos al lector al libro Kybalion.

Lo que nos conecta a unos con otros, y esto hace que llevemos en nosotros mismos este conocimiento independientemente de lo conscientes o no que seamos de ello, es la fuerza universal que el Doctor Usui llamó Reiki. Constituye la energía ilimitada del espíritu, que emerge del tiempo y el espacio, y que transmite las grandes verdades del cosmos. Mueve y transforma continuamente nuestro entorno y a nosotros mismos. Todos estamos vivos gracias a ella. Es una fuerza vibrante y de calidad que posee inteligencia ilimitada y decide la medida de las vibraciones internas de toda forma de vida.

Reiki


Cuanto más intensa es nuestra propia vibración, más sensibles somos a la percepción de estas conexiones y más cerca estamos de la fuente original. Cuanto más fuerte fluya en nosotros la fuerza del Reiki más en consonancia estaremos con ella y con nosotros mismos.
Así el Reiki nos ayuda a recordar cómo conectarnos con el verdadero núcleo de nuestro ser, y nos permite pensar, sentir y obrar de forma auténtica. El Reiki nos lleva de viaje hacia atrás en el tiempo, hacia nuestro origen, el origen de la abundancia, la confianza y el amor incondicional hacia nosotros mismos y hacia los demás seres vivos de este mundo.
Al experimentar que somos parte de este ser global, de la misma forma que lo son el resto de formas de vida que nos rodea, dejamos de contemplarnos a nosotros mismos desde el punto de vista del aislamiento. Desarrollamos otra vez el respeto por todo lo vivo y lo apreciamos como algo valioso.

Como nuestros pensamientos lo determinan todo a nuestro alrededor y a nosotros mismos, somos nosotros quienes elaboramos nuestra propia realidad. Cómo nos interpretamos y cómo interpretamos nuestro entorno determina la manera en la que nos manifestamos e interactuamos con nuestro prójimo. Esta realidad suele ser incómoda debido a que nos exige responsabilidad.
Suele ser más sencillo proyectar la responsabilidad de nuestra situación y estado de ánimo  a circunstancias externas o al comportamiento de otras personas, pero es precisamente ahí, en nuestra propia responsabilidad, donde radica la mayor esperanza: la posibilidad de cambio, y la solución al sufrimiento humano.

Partiendo de esta base podemos despertar y realizar nuestras capacidades y sueños siendo los conductores de nuestro desarrollo personal, siendo nuestros propios maestros de espiritualidad. Entonces estaremos libres del miedo y de los sentimientos de culpabilidad, libres del desánimo y la desesperación, libres de dudas y enemistades enfermizas, libres del desamor y la autodestrucción, libres de resistencias y tensiones,… Desde este punto de vista elevado, la enfermedad pasa a ser la manifestación de que se ha interrumpido nuestra relación con la energía vital universal y de que no estamos viviendo en equilibrio con las leyes de la naturaleza. Desde esta visión superior, la salud constituye un ideal al que nos podemos acerca mediante el Reiki.

La intensidad con que la fuerza vital universal conecta con nuestra fuerza vital personal, qué parte de ella nos va a afectar y en qué plano nos va a influir (corporal, anímico, espiritual o mental) depende básicamente de nuestra propia receptividad, de nuestra permeabilidad a esta energía, de nuestra disposición a conectar con ella.
Estos niveles definen el estado de nuestra salud, la cuál depende de nuestras variadas estructuras de pensamiento, sentimientos y constitución corporal.
Estos diferentes planos se exteriorizan en un sistema energético formado por varias capas que se relacionan entre sí, se influyen unas a otras y rodean nuestro cuerpo físico. Este sistema energético se compone del aura, los chakras y los nadis (canales energéticos).
Las iniciaciones de Reiki y los tratamientos armonizan nuestro sistema de energía y desarrollan la relación entre el aura, los chakras y los canales energéticos, gracias al flujo libre de la energía Reiki.

Sobre el aura.
Con la palabra “aura” nos referimos a la radiación que envuelve  nuestro cuerpo físico. Se compone de cuatro cuerpos energéticos o capas: el cuerpo etéreo, el emocional o astral, el mental y el espiritual. Cada uno de ellos tiene una función distinta y se diferencian en la frecuencia de sus vibraciones, color, forma, estructura y la fuerza de su luz.
Los diferentes elementos que componen el aura y nuestro cuerpo físico se conectan mediante la energía vital universal y la personal.

Capas del Aura y Chakras principales
Capas del Aura y Chakras principales


El cuerpo etéreo tiene más o menos el mismo tamaño y forma que nuestro cuerpo físico, y refleja todo hecho o sensación corporal. Almacena la energía vital universal y devuelve la energía sobrante mediante los chakras. Crea una capa protectora de unos cinco centímetros contra bacterias y gérmenes patógenos presentes en nuestro entorno. Es por esto por lo que a veces se llama a esta parte del aura como “aura de la salud”.

El cuerpo emocional es también muy parecido al cuerpo físico en forma y tamaño. Con su uso expresamos nuestros sentimientos, emociones y carácter.

El cuerpo mental es el relacionado con nuestros pensamientos e ideas, y nuestras percepciones tanto racionales como irracionales. Sus vibraciones tienen una frecuencia más alta que la de los cuerpos anteriores. Tiene forma oval y su alcance aproximado es de un metro.

El cuerpo espiritual es el que tiene la vibración más alta y se difunde en torno a un metro alrededor nuestro.

La mayoría de nosotros hemos desarrollado una buena sensibilidad para percibir el aura de otras personas, que se refleja en la postura, los gestos, el sonido de la voz y que denota el estado de salud en el que se encuentra cada uno de nosotros.
A veces es en efecto una visión “física”, aunque la mayoría de las veces suelen ser sensaciones tanto positivas (“¡Que bien estoy junto a esta persona a la que acabo de conocer!”), como negativas (“¡Me lo acaban de presentar y ya me da mala espina!”). Esta visión “física” puede entrenarse como todo en la vida.
De la observación de nuestro aura se pueden sacar conclusiones sobre nuestra salud, nuestro estado anímico o mental, nuestro desarrollo espiritual, basándonos en su forma, color, estructura, vibraciones,… Tiempo antes de que una enfermedad entre en fase aguda, el cuerpo etéreo de nuestro aura actúa como una señal de alarma. Así nos es posible reconocer las enfermedades con antelación y atajarlas terapéuticamente según pueda corresponder.
Una persona enferma suele tener un aura pequeña, con grietas y agujeros en el cuerpo etérico y colores borrosos o chillones en el cuerpo emocional; el cuerpo mental tendría una estructura caótica; y el espiritual estaría poco definido.
El aura de los Maestros Iluminados brilla como un círculo luminoso de suaves colores.

Los chakras y los canales energéticos.
Hablaremos próximamente en otra entrada del blog de forma detallada sobre cada chakra. Por ahora baste decir que los chakras son como ruedas luminosas que giran. El origen de la palabra “chakra” viene del sánscrito y significa rueda.
En el centro de cada chakra hay una abertura. Por ellas, y debido a su movimiento giratorio, absorbemos la energía de nuestro alrededor y la dirigimos mediante los canales energéticos (nadis), que partiendo de cada chakra recorren todo nuestro organismo.

Los nadis realizan el contacto entre los chakras y las diferentes partes de nuestro cuerpo (órganos, glándulas, células,…) con el plano que les corresponde dentro del mundo de los sentimientos o pensamientos, por ejemplo.

Hay alrededor de 88.000 chakras repartidos por toda la superficie de nuestro cuerpo, y sus canales energéticos se ramifican por todo nuestro cuerpo como la trama de una red. De entre todos ellos, son solamente los siete chakras principales los que realizan una función y cometido “especiales” en el día a día y en el método de sanación del Reiki.

El chakra de la coronilla se encuentra en medio de nuestra cabeza, concretamente sobre la cisura de Silvio, entre los dos hemisferios craneales. Este chakra se proyecta hacia arriba, hacia el cielo.
El chakra de la frente, conocido como tercer ojo, está en el centro de la frente.
El chakra de la garganta se encuentra en medio de la garganta, sobre la nuez.
El chakra del corazón se halla en el pecho, a la altura del esternón.
El chakra del plexo solar está situado en la zona del estómago, y el chakra sacrose ubica frente al hueso sacro, unos centímetros por debajo del ombligo.
Todos estos chakras se abren hacia delante y hacia atrás del cuerpo.
Finalmente está el chakra raíz. Está en el perineo y se abre hacia abajo, hacia el suelo.

Los canales energéticos que salen de los chakras están en contacto directo  con la columna vertebral, y dentro de ella con el más importante de todos los canales de energía, el sushumna. Así es como se distribuye le energía vital universal.
En la columna se aloja la médula espinal, que podríamos decir, en términos nada científicos, que es una especie de prolongación del cerebro.
Si permitimos fluir libremente la energía Reiki, esto tendrá un efecto positivo sobre el sistema nervioso vegetativo. El hecho de que el Reiki actúe de forma diferente en la totalidad del organismo favorece el equilibrio corporal, mental y anímico.
Los siete chakras principales se relacionan mediante el canal sushumna, y sus diferentes zonas de influencia se relacionan entre sí recíprocamente.

Alteraciones del equilibrio.
El grado de desarrollo de cada chakra depende de nuestra constitución corporal y estado de nuestro desarrollo mental y  anímico, y de nuestra conciencia espiritual. Esto hace que un chakra en concreto pueda tener mayor desarrollo que los demás, y poseer entonces una vibración más alta y una mayor capacidad de absorber energía que los demás. Lo cuál no es algo recomendable.
Los canales energéticos también pueden tener distinta porosidad. Esto condiciona la cantidad de energía vital que fluye en nosotros, la que transmitimos, la que almacenamos y la que irradiamos.
La permeabilidad es totalmente necesaria para que todas las partes de nuestro cuerpo se vean vigorizadas en la misma medida por la energía Reiki, así como para que ésta pueda actuar en todos los planos.

Si por ejemplo una persona tiene poco desarrollado el chakra corazón y se bloquea el canal energético que conduce a la columna, sus posibilidades afectivas se verán mermadas. Gozará de poca simpatía. Tendrá muchas dificultades para dar y recibir amor.

De forma habitual nuestros chakras no mantienen un equilibrio armónico, ni los canales energéticos permanecen siempre totalmente porosos para transmitir la energía Reiki en toda su pureza. La unidad cuerpo-alma-mente-espíritu se perturba y se desequilibra con bastante asiduidad.
Entender en profundidad este hecho puede ser de gran ayuda a la hora de tratar pacientes cuyos síntomas sean totalmente dispares. Debido a las complejas conexiones mencionadas anteriormente las enfermedades suelen ser siempre consecuencia de procesos globales, por lo que sólo podremos suavizar los síntomas o sanar las causas cuando aprendamos a entendernos globalmente en la unicidad cuerpo-alma-mente-espíritu.
Ya en la Antigüedad, el filósofo griego Sócrates dijo: “Cuando alguien busca curación, preguntadle primero si está dispuesto a modificar la causa de su mal. Entonces será cuando puedas comenzar a ayudarle”.


Los canales de los siete chakras principales se desbloquean con la iniciación en los distintos niveles de Reiki. Desde ese momento fluye la energía vital universal, para toda la vida, y sin estorbo por los canales energéticos del cuerpo; y la frecuencia de las vibraciones de los chakras se eleva.
El tratamiento de Reiki fomenta el desarrollo de los chakras e influye en todo nuestro organismo, sanándolo y consiguiendo efectos beneficiosos en todos los planos.


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