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miércoles, 6 de abril de 2016

Meditación: Calmar el Dolor Físico


Antes o después todos nosotros tenemos que experimentar la experiencia del dolor físico. El deseo de suprimir ese dolor puede maximizar el impacto de esa sensación dolorosa y hacer que un dolor leve se vuelta insoportable. Por contra, los dolores crónicos suelen sobrellevarse mejor por las personas que los sufren, ya que tienen una actitud distinta frente al mismo.

Las investigaciones en la neurociencia muestran que la interpretación, que nosotros mismos realizamos de nuestras sensaciones, juega un papel muy importante en la experiencia del dolor.
En una primera fase las personas, que participaron voluntariamente en algunos estudios, recibieron estímulos más y menos dolorosos en un brazo, siendo después preguntados por los investigadores sobre sus sensaciones.
En una segunda fase, se decía a los voluntarios que iban a recibir un estímulo de intensidad muy fuerte, cuando en realidad se les aplicó una estimulación muy débil, y viceversa.
El resultado dejó patente de que cuando se hacía el anuncio de una estimulación muy fuerte, los participantes percibían como muy fuerte lo que era de una intensidad débil y, al revés, percibían como muy suave las estimulaciones más fuertes.
Por lo tanto se demostró que la anticipación que nuestra mente hace de la gravedad o inocuidad de lo que vamos a sentir juega un papel muy importante en nuestra experiencia del dolor. Tanto el efecto placebo (algo que nos hace bien porque esperamos que sea así), como el efecto nocebo (algo que nos hace daño porque creemos que así va a ser) confirman la influencia que nuestro espíritu ejerce sobre nuestro cuerpo y sobre la calidad de la experiencia que vivimos.

Beneficios de la Meditación
Beneficios de la Meditación


De modo que podemos decir que la experimentación que hacemos de nuestro propio dolor depende en una gran parte de cómo funciona nuestro espíritu.
Somos capaces de soportar mejor los dolores cuya intensidad y duración son previsibles, ya que estamos preparados para recibirlos y controlarlos, que aquellos otros dolores cuya intensidad puede ir en aumento y cuya duración nos resulta desconocida.

Además hay que tener en cuenta el efecto que nos produce dar sentido al dolor, es decir, pensar que esa experiencia puede aportarnos algo bueno, como por ejemplo, los dolores musculares cuando empezamos a practicar un deporte nuevo. De hecho hay atletas que aseveran que cuanto más fuerte es el dolor, mayor es el aprovechamiento que sacan del entrenamiento. Sin embargo ese mismo atleta soporta mucho peor un dolor menor producido por otra actividad, por ejemplo un corte en un dedo al pelar fruta.
También somos capaces de soportar un dolor por el bien de otra persona, como el de una mujer cuando da a luz o el de una persona que dona un órgano para un trasplante.

El hecho de ser capaces de encontrar un sentido a nuestro dolor, nos da poder sobre él eliminando al mismo tiempo la sensación de impotencia y ausencia de control. En cambio, si reaccionamos con miedo, con rebeldía, desaliento, impotencia o incomprensión, no sufriremos un dolor, sino varios.

Un caso aparte son los dolores crónicos de tipo vivo y persistente. Este tipo de dolor domina nuestro espíritu y nuestras sensaciones no sólo de nuestro propio cuerpo, sino también del mundo exterior al mismo, estando presente en todos y cada uno de nuestros pensamientos y acciones.
Como hemos visto antes, un dolor puede ser intenso sin que por ello destruya nuestra visión positiva de la vida, podemos lograrlo si adquirimos cierta paz mental.

Hay personas que han sobrevivido a accidentes que después han afirmado “sentirse más humanos” y tener una apreciación más profunda del mundo, de la belleza de la naturaleza y de las buenas cualidades de las personas que nos rodean. Consideran cada momento de vida como un inestimable tesoro.

Te estarás preguntando, ¿qué puedo hacer para controlar yo al dolor en vez de ser su víctima? Si no se puede escapar al dolor, es mejor utilizarlo que intentar rechazarlo. Si logras conservar tu fuerza de espíritu y deseo de vivir, en vez de dejarte ganar por el desánimo, serás capaz de preservar tu dignidad y confianza en ti mismo, y esto es una gran diferencia.

Vamos a abordar cuatro métodos budistas para aplicarlos a estos casos: Observar el dolor sin interpretarlo, en un estado de plena conciencia; usar imágenes mentales; transformar el dolor abriéndose al amor y la compasión; y examinar la naturaleza del sufrimiento y la del espíritu que lo sufre.


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Meditación:
OBSERVACION SIN INTERPRETACION
Observemos con todo nuestro espíritu la sensación de dolor, sin interpretarlo, rechazarlo o temerlo. Sumerjámonos en la experiencia del momento presente. Si lo hacemos, la sensación conservará toda su intensidad, pero perderá su carácter repulsivo.
En palabras de Yongey Mingyur Rimpoché: “La inmensa mayoría de nosotros consideramos el dolor como una amenaza física para nuestro bienestar. Pero si permitimos que nos preocupe, sólo lograremos que el dolor se intensifique. Es cambio, si lo tomamos con objeto de meditación, se convertirá en un medio de aumentar nuestra claridad de espíritu.
“Cuando hacemos que el “yo” entre en acción, nos estamos identificando con el dolor. Y eso sólo conseguirá reforzarlo. Pero si prescindimos del “yo” en esta operación, el dolor no nos hará daño, sin que simplemente será un flujo de energía que circula”. Bhante Henepola Gunaratna.

EL PODER DE LAS IMÁGENES MENTALES
Visualicemos un bálsamo benéfico y luminoso que penetra en el lugar donde el dolor es más intenso, lo disuelve poco a poco y lo transforma en una sensación de bienestar. A continuación este bálsamo llena todo nuestro cuerpo y la sensación dolorosa se difumina. Si la intensidad del dolor aumenta, hagamos que la fuerza del bálsamo sea más fuerte mientras pensamos que cada átomo de dolor es sustituido por un átomo de bienestar. Así paso a paso iremos transformando la propia esencia del dolor en felicidad.

LA FUERZA DE LA COMPASION
Demos vida a un gran sentimiento de amor altruista y compasión hacia todos los seres, y luego pensemos: “¡Me gustaría tanto no sufrir más! Pero aparte de mí, hay más personas que están afligidas por penas comparables a las mías, y a veces incluso peores. ¡Cómo me gustaría que ellos también pudieran liberarse de sus dolores!”.
En ese momento ya no estamos considerando nuestro dolor como una desgracia o un acontecimiento abrumador. Al estar llenos de altruismo habremos dejado de amargarnos con el: ”¿Por qué yo?”
Mientras estamos centrados en nosotros mismos somos vulnerables y presas fáciles para el desconcierto, la angustia, la contrariedad o la impotencia. Si en vez de eso, ante el sufrimiento de los demás, podemos vivir una fuerte empatía y una incondicional benevolencia, la resignación se convertirá en coraje; la depresión en amor; el egoísmo en apertura hacia todos los que nos rodean.

EXAMINAR LA NATURALEZA DELESPÍRITU
Contemplemos el sufrimiento, sin más. Aunque sea doloroso, preguntémonos cuál es su color, forma y el resto de sus características. A medida que intentemos delimitarlo, veremos cómo de disuelven sus contornos.
Seremos capaces así de reconocer, que detrás del dolor, hay una presencia consciente, que es la misma que está en la fuente de toda sensación o pensamiento.
Relajemos nuestro espíritu e intentemos conseguir que el dolor descanse en la plena conciencia, libre de toda actividad mental. Esta actitud nos permitirá liberarnos frente al dolor, remediar sus acciones y dejar de ser sus víctimas pasivas.


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Efectos de la Meditación sobre el cerebro
Efectos de la Meditación sobre el cerebro



Nada de todo esto es fácil, pero la experiencia de muchas personas demuestra que  es posible. Basta con investigar un poco en Internet para encontrar testimonios fidedignos.


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