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miércoles, 22 de junio de 2016

Meditación de la Visión Penetrante. Parte 2

CONTROLAR LOS PENSAMIENTOS Y LAS EMOCIONES

Suele decirse a menudo que la meditación (y también el budismo) pretenden suprimir las emociones.
Para eso hay que saber qué se entiende por emoción. Si hablamos de perturbaciones mentales (odio, celos,…), ¿por qué no hacerlas desaparecer de nuestras vidas?
Si hablamos del amor altruista o de la compasión hacia los que sufren, ¿por qué no incrementarlas?
Ambos casos juntos son el cualquier caso el objetivo de la meditación.

Meditación de la Visión Penetrante. Controlar Pensamientos y Emociones. Postura Seiza.
Meditación de la Visión Penetrante. Controlar Pensamientos y Emociones. Postura Seiza.


Meditando aprendemos a controlar los accesos de cólera o de celos, las oleadas de deseo irrefrenable, los miedos irrazonables, al mismo tiempo que nos liberamos de las órdenes de esos estados mentales que entorpecen nuestro juicio y que nos causan tantos problemas. Podríamos llamarlos justamente “toxinas mentales”, ya que realmente son un veneno para nuestra propia existencia y para la de los que nos rodean.

La palabra emoción viene del latín y significa “poner en movimiento”. Es por tanto lo que hace que el espíritu se mueva hacia un pensamiento positivo, neutro o negativo. Nuestras emociones condicionan nuestro espíritu, y pueden hacerle adoptar una perspectiva distorsionada de las cosas (en el caso del odio o la codicia), o una que esté adecuada a la realidad (amor altruista o compasión).

El amor altruista es la toma de conciencia del hecho de que, al igual que nosotros mismos, todos los seres vivos desean verse libres del sufrimiento, y está basado en el reconocimiento de su y nuestra interdependencia.
El odio deforma la realidad ampliando los defectos del “objeto” e ignorando sus cualidades. El deseo nos empuja a percibir ese objeto como deseable  independientemente de sus defectos.
Por tanto algunas emociones son perturbadoras y otras son beneficiosas.
Si una emoción fortalece nuestra paz mental y nos hace volcarnos en el bien del prójimo, podemos decir que es benéfica, pero si destruye nuestra serenidad conduciéndonos a perjudicar a los demás, entonces en perturbadora o negativa.

A la luz de este razonamiento podemos decir que lo importante no es dedicarse a suprimir nuestras emociones, lo cuál no serviría de nada como ya vimos con los pensamientos a la hora de empezar a meditar, sino que es procurar que dichas emociones contribuyan a nuestra serenidad y paz mental, y nos hagan actuar en beneficio de los demás.

Debemos dejar de estar a merced de nuestras emociones, aprendiendo a liberarnos de las que son negativas según van surgiendo, y a desarrollar las que son positivas.
Hay que comprender que la acumulación y el encadenamiento de emociones y pensamientos son los responsables de nuestros estados de humor, ya duren unos momentos o varios días. A largo plazo, son los que forman nuestras inclinaciones y rasgos de carácter.
Si aprendemos a controlar óptimamente nuestras emociones, poco a poco conseguiremos trasformar nuestra manera de ser liberándonos del yugo de nuestras propias negatividades.

Vamos a explicar dos métodos para poder controlar nuestras emociones: usando antídotos, y no identificándonos con las aflicciones efímeras.

La utilización de antídotos.
Usamos aquí esta palabra para referirnos a un estado de espíritu opuesto a la emoción negativa que se quiere contrarrestar.
Un vaso de agua no puede estar caliente y frío a la vez, y nosotros no podemos al mismo tiempo tratar bien y hacer daño a una persona.
Se trata de usar remedios lo bastante potentes como para neutralizar las emociones perturbadoras. Cuanto más desarrollemos la benevolencia, menos hueco habrá en nosotros para el opuesto, la malevolencia. Cuanto más Luz haya en nosotros, menos oscuridad habrá en nuestro espíritu.

Vamos a ver dos ejemplos prácticos: el deseo y la cólera.

EL DESEO

Es algo natural y desempeña un papel fundamental en la vida y en la supervivencia, pero no por eso deja de ser una fuerza ciega que por sí misma es neutra, ni beneficiosa ni dañina.

Todo depende de la influencia que pueda llegar a ejercer en nosotros. Puede inspirar nuestra existencia, o puede envenenarla y destruirla.
El deseo puede llevarnos a actuar de forma constructiva para con nosotros mismos y con los demás, al igual que puede generarnos atroces sufrimientos, como en el caso de la sed de venganza, que nos hace esclavos de las causas que nos generan ese mismo sufrimiento.
En este caso se transforma en una fuente de desgracias, y quien no se libera de ese deseo, acaba siendo su víctima sin conseguir nada a cambio.
Para contrarrestarlo, usaremos el antídoto de la libertad interior:


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Meditación:
Si somos víctimas de un deseo tan fuerte que nos obsesiona y trastorna, deberemos empezar por examinar sus características principales e identificar el antídoto adecuado.

El deseo siempre conlleva una cierta urgencia.
Así que calmaremos nuestros pensamientos observando el ir y venir de nuestra respiración como ya describimos en otra entrada del blog.

El deseo tiene un aspecto perturbador y apremiante.
A modo de antídoto imaginaremos el alivio y la comodidad que nos da la libertad interior. Dejemos que ese sentimiento de libertad nazca y se desarrolle dentro de nosotros.
El deseo deforma la realidad a su antojo y considera su objeto como algo deseable.
Así que nos vamos a tomar un tiempo para examinar ese objeto de deseo bajo todos los prismas posibles y meditemos durante un rato sobre sus aspectos más negativos e incluso indeseables. De esta forma podremos tener una visión más justa de la realidad de las cosas.

Para acabar, dejemos que nuestro espíritu descanse en la Paz de la plena conciencia, libre de esperanzas y temores, y apreciemos la riqueza del momento presente que actúa como un bálsamo sobre el fuego del deseo.

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LA CÓLERA

La cólera es la precursora del odio y obedece al impulso de apartar todo lo que pueda ser un obstáculo para las exigencias del “yo” sin considerar el bienestar del resto del mundo.
El ego amenazado contraataca, la cólera se abre camino con hostilidad, y cuando el ego se siente ignorado, despreciado o herido, se desata la cólera mediante el resentimiento y el rencor.
La cólera puede ir acompañada de malevolencia y del deseo de perjudicar conscientemente a alguien.

En esa situación el ego está obsesionado por el resentimiento y la animosidad, y el espíritu se aferra a lo ilusorio auto persuadiéndose de que la fuente de todo es algo que está fuera de sí mismo.
Pero aunque el causante del resentimiento sea en efecto un objeto exterior, lo cierto es que éste sólo está dentro de nuestro espíritu. Si nuestro odio es la repuesta al odio del otro, contribuiremos a crear tan sólo un círculo vicioso sin fin.

Vamos a ver dos mediaciones cuyo objetivo no es rechazar el odio, sino dirigir nuestro espíritu hacia el opuesto natural: el amor y la compasión.


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Meditación 1:
Pensemos en alguien que nos ha hecho sufrir, a nosotros o a nuestros seres queridos. Pensemos igualmente en personas que causan inmensos sufrimientos a otras personas.

Podremos darnos cuenta de que si el veneno mental que les ha hecho actuar así desapareciera de su espíritu, dejarían de ser nuestros enemigos, y también los de la humanidad.
Deseemos con todo nuestro corazón que esa transformación se convierta en realidad.

Para conseguirlo usaremos la meditación sobre el amor altruista y formulemos el deseo: “¡Que todos los seres puedan verse libres del sufrimientos y de las causas que lo generan! ¡Que el odio, la arrogancia, la codicia, la indiferencia, los celos y el desprecio desaparezcan de sus espíritus para abrirse al amor altruista, a la modestia, a la satisfacción, a la simpatía, a la solicitud y a la generosidad!”

Nos mantenemos unos minutos en este sentimiento de incondicional benevolencia dejando que invada todo nuestro ser.

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Meditación 2:
Si nos invade la ansiedad intentemos ser plenamente conscientes de ella. Según vamos poniendo en práctica la plena conciencia nos daremos cuenta de que la ansiedad pierde intensidad. ¿Por qué?
Porque la parte de nuestro espíritu que tiene conciencia de la ansiedad no está ansiosa. Tan sólo se limita a ser consciente de ello.

Momentos antes la ansiedad llenaba toda nuestra mente, pero ahora sólo ocupa una pequeña parte del espacio y lo comparte con la plena conciencia.

Debemos notar cómo a medida que la plena conciencia va aumentando su espacio en nuestra mente, la ansiedad se desdibuja hasta perder finalmente la capacidad de alterarnos y finalmente dejar paso a la paz.

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Bibliografía:
-         Meditación. La primera y última libertad. Osho
-         El libro de los secretos. Osho
-         En defensa de la felicidad. Matthieu Ricard
-         El arte de la felicidad. Dalai Lama
-         El arte de la sabiduría. Dalai Lama
-         El milagro de la plena consciencia. Thich Nhat Hanh

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