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lunes, 15 de agosto de 2016

Reiki: Terapia antigua para el mundo moderno

REIKI: UNA TERAPIA ANTIGUA PARA EL MUNDO MODERNO

Tal vez la mejor definición de Reiki sea ésta: es un método de sanación natural en el que se usa la energía canalizada a través de las manos del terapeuta para restaurar la salud y generar bienestar.

El tratamiento de Reiki es parecido a un masaje, pero con dos diferencias significativas: la primera es que el paciente se acuesta sobre la mesa de trabajo totalmente vestido; la segunda, que las manos del terapeuta sólo se mueven cuando la energía así se lo indica.

Hay una cierta controversia en este punto. Hay una regla que dice que hay que estar tres minutos en cada posición de manos, y hay gente que lo lleva a rajatabla.  Con el tiempo que llevamos practicando Reiki, de una cosa que sí estamos seguros es que en el mundo de Reiki no cabe la rigidez y los dogmas, sino que debe primar la tolerancia y el amor. Se han realizado paulatinas adaptaciones en todos los campos, y en el que hemos mencionado, también, pues cada vez son más los terapeutas de Reiki que optan por dar en cada posición de manos la cantidad energía que es necesaria en ese punto, ni más ni menos.

De hecho el tratamiento de Reiki también podría compararse a una imposición de manos, donde el terapeuta sitúa sus manos de forma ligera y suave sobre el paciente. Reiki no cura por medio de la fe. Para que el tratamiento de Reiki sea efectivo no es necesaria la fe, ni parte del terapeuta, ni por parte del paciente. La sanación simplemente ocurre.

Reiki: Terapia antigua para el mundo moderno
Reiki


Así pues, el escepticismo no es una barrera contra la transmisión de la energía vital universal; ni siquiera el paciente que piensa “estoy seguro de que esto no va a servir para nada” puede bloquear el paso de la energía curativa. ¿Por qué? La palabra Reiki puede traducirse como “Fuerza guiada por el Espíritu, alma guiada, y fuerza de vida”. Es una fuerza que ninguna mente consciente puede resistir o bloquear, ya que la totalidad del ser reconoce su naturaleza, su bondad, su poder y su amor.

La palabra japonesa Reiki suele traducirse habitualmente al castellano como energía o fuerza vital universal.
Reiki para curar la totalidad de la persona usa esa energía de vida universal, no la energía personal del terapeuta (siempre que haya sido iniciado en algún Nivel). Y esto lo hace en perfecta armonía con la inteligencia natural tanto de la mente como del cuerpo, que trabajan al unísono para preservar la salud y aumentar el bienestar.

Puede que la propia palabra “Reiki” te suene familiar, puede que la asocies a otros términos orientales como Aikido, Qi Gong o Tai Chi. En realidad todas esas artes implican un cultivo y un entrenamiento de la energía vital personal con el propósito de aprender defensa personal, practicar la meditación o lograr una mejor salud. Desde cierto punto de vista, Reiki comparte con las artes marciales el hecho de que se necesita una disciplina interna, constancia y buenos propósitos. Practicar una vez al año no nos lleva a ningún lugar, como tampoco la intención de aprender para hacer el daño a otros.

En cambio Reiki se diferencia de ésas y otras artes marciales en que no implica un entrenamiento de la energía vital personal, aunque sí sea necesaria la práctica constante empezando por uno mismo. Reiki incremente la energía sanadora que circula por el cuerpo. Esta energía acelera todo el proceso curativo de forma natural: relaja los músculos, estabiliza la presión sanguínea y en azúcar en sangre, calma las aceleraciones del pulso, acelera la digestión, mejora la coagulación sanguínea, alivia el dolor y mejora el sistema inmunológico, por mencionar sólo unos pocos beneficios. Todo ello hace de Reiki una excelente medicina preventiva, y como bien dice la sabiduría popular, más vale prevenir.

Pero cuando la enfermedad finalmente se presenta, sea un resfriado o algo más grave, Reiki es de gran ayuda ya que acelera la recuperación y reduce la intensidad de los síntomas y la duración de la convalecencia.

Reiki es de gran ayuda incluso en casos de enfermedades crónicas, devolviendo al paciente la sensación de bienestar. De forma paulatina va aliviando los síntomas, hasta llegar a tener períodos en los que no están presentes. Ha habido casos en que la medicina occidental ha quedado asombrada por la mejoría de pacientes que han sido tratados con Reiki, habiendo casos documentados en los que incluso se han revertido los fenómenos asociados a la patología con la consiguiente mejora en los diagnósticos y pronósticos de tiempo de recuperación.

Reiki dirige la energía sanadora hacia aquellos puntos en los que puede originar un beneficio para la persona, porque es justamente “ahí” donde es necesaria la energía. Esto significa que un paciente puede recibir ayuda sanadora en una zona del cuerpo en la que el médico todavía no ha detectado que haya daños. Y aunque nos pueda resultar “confuso”, Reiki ayuda a reclamar el derecho a vivir a aquellos pacientes que se encuentran en situación extremadamente grave.

Cuando una enfermedad ha llegado a un estadío en el que la curación ya no es posible, Reiki sigue aliviando los síntomas, reduciendo el dolor y armonizando las emociones, y en el momento oportuno, también ayuda a la persona a aceptar la paz del tránsito “al otro lado”.

No es infrecuente que Reiki mejore la fertilidad, y una vez realizada la concepción, alivie de las molestias del embarazo a la madre, llegando a atenuar bastante los dolores del parto.

Reiki es sanación, y siempre mejora la calidad de vida, sin importar cuántos sean los días que nos queden por delante. Es totalmente seguro que un enfermo crónico o en estado terminal, mejorará su situación con el tratamiento de Reiki. El grado de recuperación puede no llegar a evitar la muerte, por supuesto, pero la mejoría, aunque sea temporal, sorprenderá a sus allegados, y también a los médicos, y a veces también al propio terapeuta de Reiki.

Cuando el paciente al que damos un tratamiento de Reiki no está enfermo, el nivel de recuperación no parecerá espectacular, a no ser que sea una persona especialmente sensible al flujo de energías, pero así y todo, se sentirá más relajado y apacible, y de mejor humor.

Pero sea espectacular, o sea sutil, la sanación jamás es dirigida por la mente consciente del terapeuta, sino que es conseguida por la energía vital universal, que es la que fluye a través de sus manos, y siempre de forma armoniosa con la fuerza vital personal del cuerpo y mente del paciente.
El terapeuta de Reiki es únicamente un canal que transmite la energía sanadora.

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